Periodismo – Dante Leguizamon

El infierno de la prensa…

Un amigo me recomendó leer a una periodista muy interesante llamada Marcela Turati. Navegando por su sitio me encontré con esta publicidad del diario Últimas Noticias (Uruguay) y la verdad es que me pareció muy interesante…

¿En qué piso podrían estar los periodistas que conocemos?… y… ¿Cómo habrán hecho los periodistas de Últimas Noticias para trabajar con tanto autobombo?

Electroingeniería

BAJO SOSPECHA… (OTRA VEZ)

Un informe de la Auditoria General de la Nación pidió investigar si la empresa cordobesa Electroingeniería cobró un sobreprecio de 150 millones de pesos en una obra pública realizada en el sur del país.

La obra en cuestión no es una obra más en la historia de la empresa que goza del cariño y la bendición del matrimonio Kirchner. Se trata, nada más ni nada menos, que del segundo tramo de la obra que une las localidades de Choele Choel y Pico Truncado. Con ese emprendimiento, “Electro”, ingresó al selecto club de firmas con infraestructura como para realizar el tendido de líneas eléctricas de 500 kilovoltios… a la larga, el pertenecer a ese club le permitió quedarse (junto a la empresa estatal Enarsa) con Transener, la empresa que administra la mayor parte de la energía del país.

Acosta, la cabeza de Electro

Según parece, aunque ambas obras serían muy similares en extensión e infraestructura, la primera parte costó muchísimo menos que la primera. A saber: el primer tramo (entre Choele Choel y Puerto Madryn) tuvo un costo por kilómetro de $ 545.737 y el segundo (entre Madryn y Pico Truncado) costó $ 848.812 el kilómetro.

Ferreyra, el otro hombre fuerte de Electro
Ferreyra, el otro hombre fuerte de Electro

 

Para acceder a la publicación de La Nación se puede hacer click aquí. Para leer otras cosas de Electro… utilicen el buscador del sitio y saldrán los trabajos que, en el diario Día a Día, realizamos en conjunto Mariano Bergero, Juan Manuel González y yo…

Un secreto… en el interior de la empresa siempre se dijo que esta obra era un símbolo de cómo, con esfuerzo, tenacidad y trabajo había sido posible realizar un emprendimiento que todos sabían era casi imposible de realizar para una firma sin experiencia en el rubro. Se referían al primer tramo de la obra ahora cuestionada.

Otro secreto… Aunque esto es sólo una denuncia alguien me dijo alguna vez que nada, pero nada le molesta más a los dueños de la empresa que la existencia de estas sospechas. Peor aún si los periodistas andan hablando por ahí…  

Juan Pablo Varsky

No me agradan:

Los periodistas–comentaristas de deporte que, en base a estadísticas, se la pasan tirando datos y no saben hacer silencio…

Los Periodistas–comentaristas–seudoserios en general que prestan su imágen para hacer publicidades.

Los Periodistas como Varsky… que, aunque a veces escribe cosas interesantes sobre fútbol, tenis y otros juegos divertidos, anda por el mundo con ese aura de periodista “comprometido” que no sé si tiene mucho sustento.

 

Pero lo que sí me gusta es cuando esos periodistas “seudoserios”, “seudointelectuales”, “seudo imagen positiva”, pisan el palito y quedan en evidencia. Eso le pasó a Juan Pablo que, gracias a Radar del domingo (aunque en realidad el hallazgo le corresponde a un blog porteño “solo otro emo peronista“) apareció como alguien un poco contradictorio… Ahí va la anécdota: En una entrevista que le realizó la revista “El Gráfico” habló de McDonald como el único trabajo del que lo echaron y dio a entender que lo echaron por darle comida en buen estado a los chicos de la calle.

“Del único trabajo que me echaron fue de McDonald’s. Preparaba los más ricos cuarto de libra con queso de Flores. McD tenía un límite de 12 minutos entre que se preparaba la hamburguesa y se vendía, y si la comida no era consumida en ese lapso, se tiraba. Yo trabajaba en la cocina y después me pasaron a la compactadora, donde iba toda la comida. Un día había unos chicos de la calles que no tenían para comer, les di hamburguesas, y algún alcahuete que seguro después fue empleado del mes, me delató. Me echaron con un argumento irrefutable: que les estaba dando cmida podrida a chicos de la calle, aunque ellos y yo sabíamos perfectamente que no estaba podrida”.

Lo que me pregunto es:

1) ¿Si eran tan cagadores, como es que sale ahora a decir que eran excelentes?

2) Si es falso… será que Varsky estuvo bien echado

Está bueno ojear esta nota para entender a qué se debe la Campaña de McDonald de la que participa el periodista. Una cosa más, no tengo dudas de que este chico es más decente que muchos de sus colegas pero, hacer campaña para McDonald…

Suicida cholulo…

Putos y malevos

 

En Página 12, Sandra Russo escribió una jugosa contratapa sobre la forma de terminar su vida del Malevo Ferreyra. Es cortita y contundente. Disfrutenla…

Malo y macho en lugar de marimacho

Malo y macho en lugar de marimacho

El Malevo Ferreyra terminó siendo un pobre infeliz sobreadaptado. Un falso titán que jugó sucio porque sus superiores se lo mandaban. Un esforzado cadete que hizo los trámites que le pedían. Matar a éste, matar a aquél. “La policía tiene que adaptarse a cualquier tipo de gobierno y somos nosotros los que tenemos que pagar las consecuencias”, dijo mientras su sobreadaptación se dirigía a Crónica TV, y estaba a punto de ofrecerse en un sacrificio sádico de dimensiones notables, toda vez que ahora hay que cuidarse de la espantosa visión del “documento histórico”, esto es: su éxtasis, agonía y muerte.

Tienen eso los malevos, y no lo tienen los putos, que son los antagonistas que les tocan. Tan infeliz fue Ferreyra, que no murió como un valiente, sino como un cholulo. La lectura de la realidad que hacía el ex policía quedó marcada por las palabras ya transcriptas. El se adaptó a lo que había que adaptarse, en la provincia que gobernaba Bussi. Y se adaptó mejor que nadie. Su fama de malevo llegó acompañada de sus primeros crímenes flagrantes. No hacía lo que había que hacer. Era un malevo. Iba más allá. No buscaba detener. Buscaba exterminar. Y a su alrededor, en esa provincia que después lo votó a Bussi, la gente hablaba del Malevo Ferreyra con admiración, como si ir más allá de un límite cualquiera fuera una virtud muy masculina. Lo estoy viendo en una foto: mira a cámara recio, como un galán de Pasión de Gavilanes. Cruza los brazos con la camisa negra arremangada en los codos. Un solo botón desabrochado. Las patillas canosas le envuelven la cara como un collar surrealista, los bigotes tupidos sugieren testosterona, las bolsas en los ojos le dan experiencia, y el sombrero Panamá lo caracteriza. Es un disfraz del malevo rural que acecha en un Lejano Oeste autóctono, en un más allá o un antes de la ley, salpicado con una pizca de falangista.

Tienen eso los malevos y no lo tienen los putos, decía al comienzo del párrafo anterior, porque los putos, en ese imaginario tosco del que nacen nuestros estereotipos, son gallinas. Mariquitas. Me acuerdo del estereotipo de puto que hacía Fabián Gianola: “Ay, salí”, podría haber sido su frase de cabecera, espantado por una avispa, una cucaracha o una mujer. Un puto es un hombre al que le falta algo. Lo que al malevo le sobra: falo. Estas interpretaciones ridículas a todas luces y evidentemente caprichosas son las que laten y concretamente latieron en las últimas décadas bajo infinidad de crímenes aberrantes. Quiero decir: una noción de hombría.

Me acuerdo de Billy Elliot, la película británica basada en la novela de J. A. Cronin, en la que en una familia de mineros en huelga en la que acaba de morir la madre, un chico de diez años debe cultivar en secreto su pasión por la danza, porque su padre y sus hermanos querían que fuera boxeador. Otro caso de putos y malevos. Malevos eran los boxeadores que además soportaban la mina y que iban a la huelga, mientras un bailarín no podía ser otra cosa que un puto. Ni boxeador ni minero ni huelguista. Nada honorable, nada de hombre. Hay una larga tradición de atributos masculinos repartidos así, con una cáscara de hipocresía naturalizada, según la cual un hombre debe sobrellevar cierta cuota de violencia para autoafirmarse. De esta fuente de agua podrida salen matones a sueldo, maridos golpeadores, patovicas, sádicos, explotadores, violadores, en fin, toda la gama de hombres violentos ha saltado la cerca, ¿pero qué cerca? ¿Quién pone límite a aquél cuya fascinación proviene de traspasar los límites?

Estas reflexiones vienen a cuento de las palabras de Ferreyra antes de matarse ante Crónica TV. En esa adaptación denunciada sin conciencia. Precisamente, la denuncia consistió en sacarse el disfraz de esa manera: Ferreyra fue un hombre sin conciencia, un cuerpo y una mente tomados por un rol. Pero no fueron sólo “los gobiernos” a los que se adaptó el ex comisario, sino también a ese borde en el que la palabra “malevo” resuena con eco de macho en los confines del pensamiento colectivo. A esa mirada social aprobatoria de la mano dura, del disparo a quemarropa, de la emboscada fuera de la ley. Lo mismo encarnaron Patti, Rico, Seineldín. Malevos que una parte de esta sociedad admira, reclama, libidiniza. Fue tan sobreadaptado el hombre, que hasta se privó de ser dueño de su muerte. La entregó, como entregó su honor, al representante de algún poder, de un superior. Quizá porque era tucumano, y en Tucumán esa dosis de mirada aprobatoria sobre la ilegalidad parece resistirse más a cambiar de eje. Lo vimos en el juicio contra Bussi, quizás el malevo más arrobador que tuvo esa sociedad.

“‘El fin justifica los medios’ es una frase que representa al maquiavelismo y quiere significar que gobernantes y otros poderes han de estar por encima de la Etica y la Moral dominantes para conseguir sus objetivos o lograr llevar a cabo sus planes.” Textual de Wikipedia. Y bastante sencillo de enlazar con el pobre Malevo Ferreyra, y que por nuestra historia estamos obligados a rechazar siempre, en cualquier circunstancia, ante cualquier dilema. Sin ir más lejos, el de la seguridad.

Por Sandra Russo

 

Policías de la D2… presos en su casa

Una nota publicada ayer en Día a Día, escrita por mí, intenta demostrar que los policías de la D2 que están presos en Guardia de Infantería, son presos vip…  se trata de algunos de los que aterrorizaron Córdoba en los años de la dictadura. Entre ellos, el conocido Tucán Yanicelli y el Turco Jabour…  

Arriba colgué un pdf. Si quieren leerla completa, también pueden hacerlo aquí: en la página de hijos. Recomiendo usar como referencia el mapa para entender un poco mejor. En la página de hijos hay un comunicado de la agrupación sobre la nota que orgulloso, pego más abajo. La nota tuvo otras repercusiones, ayer albañiles le taparon con bloques la ventana a los detenidos vip.

Comunicado de hijos…

La reciente investigación publicada por el diario Día a Día de nuestra ciudad pone de manifiesto las inadmisibles condiciones de detención de las que gozan algunos de los imputados de cometer los peores delitos posibles.
La justicia federal cordobesa viene investigando desde hace años las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura. En el marco de estas causas, el 13 de marzo de 2007 se ordenó la detención de parte de lo que fuera la temible patota de la D2 (división de informaciones de la policía de Córdoba).
Fue entonces que la jueza Cristina Garzón de Lascano dispuso que fuese la Guardia de Infantería la que albergara a estos genocidas. Ante esta irregularidad y en un marco de crecientes amenazas y agresiones a distintos compañeros, los organismos de Derechos Humanos realizamos numerosos planteos ante la jueza y la Cámara Federal, para que sean trasladados a unidades penitenciarias, como Bouwer.

Este año logramos la primer condena a ocho genocidas, pero sabemos que la lucha sigue, son 93 los represores que actualmente se encuentran procesados y deben ser juzgados, al tiempo que la fiscalía avanza en nuevos procesamientos. El camino de la verdad y la justicia es largo y difícil. Los represores y sus cómplices intentan dilatar los tiempos y entorpecer las investigaciones, es por esto que privilegios como los descriptos en la nota son inadmisibles.

La valiente investigación de Dante Leguizamón aporta un nuevo elemento que de confirmarse, se constituye en una grave violación a las condiciones de detención. Desde H.I.J.O.S. exigimos que la justicia federal arbitre las medidas necesarias para esclarecer este episodio. De la misma manera reiteramos nuestro reclamo de que el único lugar posible para que los genocidas esperen los juicios y cumplan sus condenas, son las cárceles. Tampoco olvidamos que otro de los miembros de esta patota, Herminio Jesús Antón sigue prófugo burlando el pedido de captura interpuesto por la jueza, otra vergüenza a la que exigimos cartas en el asunto.

Es de destacar que tanto el ministerio de defensa y el de justicia de la Nación, a cargo de Nilda Garré y Anibal Fernandez respectivamente, como también el ejecutivo provincial, ya se han pronunciado a través de distintas resoluciones manifestando que las unidades policiales y militares no deben ser utilizadas como prisiones.

Por último, valoramos la iniciativa del diario Día a Día que desde la práctica periodística aporta a la construcción de la justicia.

Cárcel común para Menéndez…

 

El periodista Julio Moya me envió esta opinión sobre la cobertura mediática del juicio por parte de los medios cordobeses. Me parece interesante. Gracias Julito.  

Un picnic que no supimos aprovechar

Serán muy pocas personas las que se puedan jactar de que a este abuelo de mirada siniestra no le deseaban el mal en ese instante. Contrariamente a ello, millones de argentinos esperábamos con ansias una condena de las características que tuvo finalmente. Que el peso de la ley le cayera como un piano de cola a la cabeza, como una grúa imposible de levantarse. Nadie podrá evitar esa sensación de castigo, de venganza sin olvido. Y aquellos que no estuvimos en el lugar de los hechos, parados frente a las caras rugosas del pasado más triste de una historia que no dejará de retumbar en nuestras conciencias, sí lo hicimos frente a la pantalla de TV. Seguíamos por la pantalla chica, atentamente, la lectura de una sentencia que de a ratos se interrumpía por gritos de alivio momentáneo, de festejo en cuentagotas.

Canal 10, con toda su tecnología maltrecha, llevaba paso a paso lo que iba sucediendo, lo que fue ocurriendo a lo largo de todas estas semanas de desarrollo del histórico juicio. Sólo Canal 8 tomó por momentos una parte del instante cúlmine. Luego, nada más. En Buenos Aires Crónica TV lo hacía levemente, mientras que Todo Noticias conectaba de a ratos. Los sitios web encabezaban sus portales esperando la noticia concluyente. Pero desde nuestra ciudad, quedó establecida esa sensación (y no es un reproche barato) de que no estuvimos a la altura de lo que estaba en juego, de la significancia magnánima de un hecho realmente histórico, realmente atípico para los tiempos modernos post leyes de obediencia debida y punto final. Casos como el de Miguel Etchecolatz se podría tomar como un parámetro cercano, pero así resulta incomparable. Córdoba estaba condenando a un alto mando militar, de real incidencia en la historia más negra. Etchecolatz era mano derecha del general Camps, pero la presa en cuestión ahora era Menéndez, sí, Luciano Benjamín.

Y, reitero, sin reprochar. Sólo por comparar, si esto hubiese sucedido en Buenos Aires, no habría habido novela que resista, programa, tira habitual “enlatada” o compromiso comercial asumido previamente. Crónica, América, TN, los cables, las radios, los medios porteños hubiesen escandalizado con su resonancia habitual y hasta casi podrían haber parado el país. Siento que quedó esa sensación de que en Córdoba aún no estuvimos a la altura, teniendo en cuenta la dimensión de lo que estuvo pasando, todo aquello que debió ser un real estruendo mediático, pensando en el personaje en cuestión, en el peso y en la herida dejada a la sociedad argentina, en que realmente se asomaba a un pez gordo (desearíamos que fuera un Videla, Massera o Agosti) pero así y todo, éste Menéndez, este abuelo siniestro de mirada demoníaca estaba sentado a la buena de la Justicia, de una sociedad que festejó con lágrimas y emoción. Fue un juicio de semejante tamaño pero pareció un picnic mal aprovechado para la buena cantidad de medios con los que contamos en la provincia. Córdoba vivió un momento de alta tensión, pero asimismo no parece que hayamos aún logrado detener por unas horas aunque sea a toda una provincia. Quizás Menéndez también merecía ese castigo de un golpe letal en las pantallas, en todas partes, por todos los parlantes, por todos los rincones.

Julio Moya.  

 

Juicio a Menéndez

Los trajes del General

 El General de División Luciano Benjamín Menéndez abre los ojos pesados de la vejez antes del alba y se encuentra con el techo blanco de la habitación del Tercer Cuerpo. No dice palabra, pero putea. Siente con dificultad cómo se tensa su abdomen y se da cuenta de que para incorporarse necesita de la ayuda de su brazo y de algo que sale de su garganta y se asemeja a un quejido: “ohgg”. El General de División Luciano Benjamín Menéndez se levanta con dificultad y piensa: “Estos cagones, mirá cuándo me vienen a agarrar”, mientras mira al piso y siente que sus ojeras de siempre están aun más caídas, que esas bolsas con las que carga desde siempre hoy llegan hasta el suelo. Es difícil seguir siendo el General de División Luciano Benjamín Menéndez en días de frío, en días martes, en días de mayo, en días de juicio. 

“Ohgg”, se escucha en la habitación vacía del Tercer Cuerpo del Ejército cuando el General de División vuelve a apoyar los brazos en la cama y se levanta para ir al baño. No se escucha nada cuando camina, cuando marcha hacia el baño, y tampoco se escucha nada cuando el hombre que gobernó Córdoba se observa en el espejo que le devuelve una imagen que ya no es la del hombre que gobernó Córdoba. “Mirá cuándo me vienen a agarrar”, piensa el General de División Luciano Benjamín Menéndez, y se sienta en el inodoro a cagar. 

Suena el clarín en el Tercer Cuerpo justo cuando es hora de vestirse y le duele al general escuchar hoy ese sonido, hoy que ha decidido no vestirse de General de División sino simplemente como Luciano Benjamín Menéndez. Le duele “el hoy” al General de División que hoy no se va a vestir de General de División. Le duele que en el mismo diario donde en aquellos años, y mediante el terror, él decidía qué se publicaba y qué no, el Gobernador firme una solicitada apoyando el juicio, “el juicio de estos hijos de puta”. Extraña el General de División, dolido, otras épocas, otros tiempos, otros gobernadores que lo invitaban a compartir palcos, que lo trataban como a un amigo, que lo abrazaban, que lo trataban como a un ex gobernador. 

Se viste de negro Luciano Benjamín, se viste de negro porque el ejército es sagrado y las estrellas que brillan en el uniforme de un General de Brigada no merecen ser expuestas ante esa corte civil. Se viste de traje y corbata negra sobre una camisa blanca como su pelo. Y en el corazón Luciano Benjamín sin traje de General de Brigada, se estampa una escarapela, dos días después del 198 aniversario de la Revolución de Mayo. El hombre que va a ser juzgado como autor material de los delitos de privación ilegítima de la libertad, tormentos y homicidio se pone una escarapela y sobre esa escarapela dos cintas negras, dos notables cintas negras que muestran que para él es un día de luto, que el juicio que dará fin a sus años de impunidad es un velorio para el General de Brigada sin uniforme y con escarapela Luciano Benjamín Menéndez. Como un preso es llevado desde el Tercer Cuerpo al edificio de Tribunales Federales el hombre de traje negro y escarapela enlutada.

Como un preso hasta la alcaidía donde retumban como bombas en los oídos del General de Brigada los tambores que piden Justicia y Castigo.  

E ingresa en la sala el General de Brigada acompañado de sus compañeros de armas, que también lucen esa escarapela, ese símbolo patrio enlutado. “Da asco”, piensa Menéndez en silencio, que se los trate como cómplices y no como veteranos de guerra en esa sala llena de enemigos. Da asco estar acá, sentado, protegido por un vidrio, vestido sin el uniforme, con ese traje negro, de luto, al lado de suboficiales de bajo rango, siendo observado como un animal de zoológico, y juzgado por una corte civil, y escuchando ese murmullo ininterrumpido que habla de él, del General de Brigada, del hombre que compartía palcos de poder y hoy comparte el banquillo de los acusados. “Da asco” piensa, justo en el momento en que una mujer grita: “Te llegó la hora” y en lugar de provocar gritos, provoca aprobación, aprobación y silencio, un profundo silencio. Un justo silencio. 

Y comienza el juicio, el juicio civil que juzga al General de Brigada que se viste de negro y que ahora siente que un poco de frío corre por su espalda, por la misma espalda del hombre que “controló” Córdoba, que ambicionó el país y la gloria y hoy necesita hacer un gemido para levantarse.  

“Hijos de puta estos cagones –vuelve a pensar– ahora me vienen a agarrar”, y su memoria piensa en otros tiempos, cuando podía caminar por la calle, cuando sentía en la cintura el peso del facón, el poder, la energía y la fortaleza para empuñar y buscar, para amenazar y matar.  

Y entonces el acusado, el reo, el General de Brigada, el hombre de luto, Luciano Benjamín Menéndez escucha al secretario de

la Cámara hablar de Crímenes de Lesa Humanidad, de terrorismo de Estado, de una metodología de exterminación y de un sistema que mató sin nunca aplicar una sentencia legal.  

Escucha, ofuscado, asqueado escucha el General de Brigada Luciano Benjamín Menéndez que ya tuvo que levantarse de esa cama ajena en la que durmió, que ya tuvo que vestirse de negro y de luto, que ya tuvo que soportar las miradas de los enemigos en su nuca, que ya tuvo que enfrentarse a los flashes de las cámaras fotográficas que disparaban memoria y no balas. Escucha el reo y levanta los ojos, con todo el esfuerzo que requiere también levantar las bolsas de sus ojos de anciano y mira hacia la mesa de los abogados de la querella.  

Y allí, sentado, enfrentado a él ve, con una escarapela que brilla, que no tiene cintas negras, que vibra al ritmo del corazón, a Martín Fresneda, el abogado de la querella, el hijo de sus papás, de sus papás desaparecidos, de las víctimas del General de Brigada y sus amigos que lo está acusando, que en el juicio civil de mierda al que lo han obligado a venir se encarga de acusarlo. 

Y confirma el general, certifica el general con un poco de asco, que los hijos de las víctimas, los hijos de sus víctimas son los que lo llevaron allí, a ese lugar indeseable para él, cruel, blasfemo para él y quizá, ojalá, implacable donde reina su verdadero enemigo de hoy: La justicia.  

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para más: http://www.eldiariodeljuicio.com.ar

Chávez, ¿un narco bolivariano?

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El diario El País de España publicó en su edición dominical una investigación interesante sobre los vínculos entre el gobierno Bolivariano de Hugo Chávez Frías, el amigo de Néstor y Cristina, y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Aunque siempre hay que descreer un poco de todo lo que se lee, el trabajo presenta algunos datos interesantes para entender los hilos que se mueven detrás de la posible liberación de los rehenes colombianos que prometieron las FARC para antes de fin de año…

Así empieza el artículo… hagan si aprietan el botón primario sobre el texto, pueden seguir leyendo en el sitio del diario español…

La guerrilla colombiana de las FARC ha encontrado su santuario en la Venezuela de Hugo Chávez. Cuatro desertores y varias fuentes de los servicios de inteligencia y diplomáticos detallan a EL PAÍS la extensa y sistemática cooperación que determinadas autoridades venezolanas brindan a las FARC en sus operaciones de narcotráfico.
Algunos desertan de la guerrilla colombiana porque se sienten traicionados por sus jefes, hundidos ante la percepción de que el capitalismo salvaje del narcotráfico ha suplantado el altruismo socialista que les impulsó a tomar las armas. Otros se van porque sienten necesidad de volver a la vida familiar. Y otros porque, de repente, se convencen de que, si no huyen, morirán, como es el caso de Rafael, que desertó en septiembre tras año y medio operando en una de las bases de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) dentro de territorio venezolano.

Jueza Vidal – Diccionario político!

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 Cuando este Blog nació, cargué un “diccionario del político en campaña” que realizó un grupo de alumnos del Colegio Universitario de Periodismo… me acabo de dar cuenta de que el contexto político nos obliga a incorporar nuevos términos.

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En aquel trabajo de los colegas la definición de “Juez” era la siguiente: Juez: Funcionario encargado de impartir Justicia. Apellido de dirigente que fundó su capital político en el ideario del chispeante humor cordobés.  

Yo me atrevo a dar otra definición:  Juez: Hombre pequeño de origen cordobés que, aprovechando los errores de otro importante político, se convirtió en intendente primero y candidato a gobernador posteriormente. Los errores de su enemigo político lo transformaron de “cómico mal educado” a “paladín de la democracia”.

Schiaretti: Individuo llamativo. Gran derrotado de una elección que habría ganado y aparente gobernador electo de Córdoba. Incapaz de sostener un mismo tono de voz al pronunciar una palabra. Beneficiario y víctima de una disputa entre dos referentes políticos.  

De la Sota: Político de Raza que imaginó su carrera a la par de la de los grandes estadistas del mundo y terminó siendo víctima de alguien a quién el mismo calificó de insignificante. Animal político que aunque pareciera estar despidiéndose, siempre puede resucitar y atacar de nuevo.   

Electorado: Termino obsoleto. Hoy se utiliza: Jueza Vidal. 

Jueza Vidal: Dicesé de la persona que tiene en sus manos al electorado. 

¿Me ayudan a seguir aportando definiciones…?

¿Alguien conoce al Führer?

Es increíble…

El diario La Nación publicó una entrevista a Ignacio Irigoyen, un cineasta que acaba de producir un documental  llamado “¿Alguien conoce al Führer?” cuyo resultado es al menos inquietante.

Lean esta entrevista y traten de no desesperar…

En un pueblo, pocos conocen a Hitler

El episodio podría figurar en el ¡Créase o no! , de Ripley. Sin embargo, no es necesario viajar a un lugar demasiado alejado de algún centro urbano para comprobar que es realidad.

Ignacio Irigoyen tiene 39 años y se autodefine como “activista cultural”, además de escritor, actor y realizador audiovisual. Un día se le ocurrió recorrer el área rural de la provincia de Córdoba con una cámara de video para investigar el grado de conocimiento que los habitantes de esa zona poseen sobre Adolf Hitler y el nazismo. Las respuestas le pusieron la piel de gallina. Ante semejante desconocimiento histórico-cultural, decidió indagar los niveles actuales de manipulación política y socioeconómica ejercida por los partidos políticos sobre aquellos pobladores de diferentes niveles de educación, a través de la compraventa de votos o “clientelismo político”. Para lograrlo, reproduce la estrategia del “puntero” local, actuando como un “enviado de Hitler”, a quien presenta como un “nuevo político radicado en Buenos Aires”, y soborna a la gente con dinero y ayuda material, logrando en unos pocos pasos adeptos a la causa “nacional socialista”. Finalmente, les revela la verdad histórica, demostrando las posibles consecuencias de un sistema político irracional.

El trabajo de una hora de duración con el que Irigoyen dará seguramente que hablar se titula ¿Alguien conoce al Führer? Hasta ahora, no tuvo suerte a la hora de querer mostrarlo en festivales de cine locales. Seguramente por ese singular ninguneo, en 2005 envió una copia al Festival Internacional de Derechos Humanos de Praga y poco después otra al Festival de Cine Latinoamericano de Trieste, donde en octubre de 2006 recibió el VI Premio Unión Latina, dedicado al documental histórico. El testimonio de una realidad que conmueve por su correlato en los tiempos de decisión que la Argentina vive y vivirá este año también sorprendió a los concurrentes de DocumentaMadrid06. ¿Alguien aceptará programarlo, finalmente, en la Argentina?

-¿Cómo nació la idea?

-Estaba escribiendo un guión de ficción acerca de un chico que vive en Misiones, en la frontera con Brasil, mitad de origen alemán, mitad nativo, que recibe de manos de un anciano refugiado a punto de morir el libro Mi lucha, y este hombre le dice: “Quiero que hagas realidad estas ideas, porque mi amigo que escribió esto se murió antes de poder lograrlo”. El chico revive en su lugar una pequeña Alemania nazi. Entonces me pregunté si eso sería posible y quise comprobarlo por mi cuenta.

-¿Qué tipo de gente elegiste como entrevistados?

-Clase media rural, docentes, policías, comerciantes. Todos tienen un desconocimiento inaceptable. Uno supone que hoy eso no debería ocurrir. En la primera parte, voy como entrevistador recorriendo la zona de Traslasierra, donde se refugiaron oficiales nazis después de la guerra, y le pregunto a la gente qué sabe acerca de Hitler, quiénes fueron los nazis y qué fue el nazismo. Con sorpresa, descubrí que el 80% de las 252 personas que entrevisté dijeron desconocerlo. El sistema de preguntas fue textual, oral, visual, con una foto de Hitler Hubo uno que me dijo: “¿Este no es el Che Guevara?”. Otro lo confundió con Perón.

 

Una probeta social

-¿Cuánta gente demostró conocerlo?

- Cerca del 12%, es decir 25 o 30 personas sabían perfectamente que Hitler fue un criminal del siglo XX; otros tenían ideas confusas, como “un asesino que mandó a matar a todos los negros que había”.

-Y cuando descubriste esto, ¿qué pensaste?

-La segunda parte del documental comienza con un cartel aclaratorio en el que explico que el entrevistador asume un papel de ficción. Empiezo a acercarme a la gente que sé que no sabe quién fue Hitler y actúo como un puntero político que vende una idea, un candidato y, de hecho, un partido político. Les digo que Hitler es un político que está en Buenos Aires, que acaba de fundar el Partido Nacional Socialista, que quiere echar a todos los judíos y extranjeros de la Argentina, que quiere recobrar las tierras y propiedades para los trabajadores rurales, que su primera preocupación es el hombre de campo y que queremos su voto.

-¿Y el tema del “voto comprado”?

-Al mismo tiempo les preguntaba cuánto era lo que pagaron los punteros políticos en esa zona por un voto en las últimas elecciones, y les ofrecía el doble o el triple. En ese ir y venir de cada charla les llego a enseñar hasta el saludo nazi. Lo que descubro es la necesidad de esa gente de que alguien vaya con una promesa de que algo puede cambiar para ellos. Después busqué a cada una de estas personas y les expliqué que lo que les había dicho era falso y les conté la verdad de Hitler.

-¿Cuál fue la sorpresa más grande?

-La pasividad con que después tomaban el engaño. Podían reaccionar mal, incluso me podían haber pegado, pero no, nada. Es tanta la cantidad de veces que estos tipos han sido engañados que ya están curtidos. Además, no se asombran, y creo que ni les preocupa. Uno me dijo: “A nosotros siempre nos cagaron todos, los peronistas y los radicales”, y entonces yo les digo: “No: Hitler es diferente, no los va a defraudar”. Cuando a ese mismo tipo le revelo el engaño, empezando por decirle que Hitler murió, me respondió: “Ah, ¿entonces no va a venir nadie a ayudarnos Y qué hacemos ahora?”. Una inocencia muy manipulada por otros. Conste que es uno de los departamentos más pobres de la provincia, el 8 de la zona oeste, pero a sólo 50 km de Mina Clavero. La cuestión es que cuando les decía que ” había que echar a todos los judíos de la Argentina” no escuchaba ningún reclamo ni crítica. Sólo una mujer, y porque su marido era chileno, me dijo que no podía apoyar a Hitler. Cuando lo vieron en Madrid, no creían que fuese un documental, pensaban que era un documental inducido, ficcionado.

-¿Y qué proponés?

-La sociedad civil tiene que generar cambios en la relación que existe con los políticos. Me parece que hay que repensar muchas cosas. Si cualquiera va con 100.000 dólares a cualquier pueblo, puede hacer un desastre: se puede convertir en candidato a intendente o senador provincial, con cualquier idea, por descabellada que fuera, que les prometa mejorar su vida, o simplemente con dinero. En el interior no es mediático como en Buenos Aires, sino más personal. Lo hacen todos los partidos. Al fin y al cabo, 500 intendentes pueden hacer un presidente. En esto tienen mucho que ver el sistema educativo y el vaciamiento que viene sufriendo: “¿Hitler? No me acuerdo, lo debí haber leído muy por encima”, me dijo una aspirante a maestra. “No, no sé quién es, porque soy de primer grado”, me dijo otra de más de cuarenta años en Capilla del Señor. Cuando Hitler escribió su primer libro en la cárcel habló de que hay que rescatar el “alma aria” y que la pureza está en el campesinado. Por ahí se empieza.

Claudio D. Minghetti

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